Suicidios de estrellas



"—¡Oh, vamos, Terry! —intervino Hannah Green, que cogió a Crabtree del codo como si lo conociese de toda la vida—. Es James Leer, el chico del que te he hablado. Pregúntale algo sobre George Sanders, lo sabe todo de él.
—¿Que me pregunte sobre qué? —dijo James, que consiguió por fin liberar su pálida mano de la de Crabtree. Le temblaba un poco la voz, y me pregunté si también había visto los destellos de conquistador enloquecido que vislumbraba yo en los ojos de Crabtree, quien lo contemplaba con una mirada salvajemente atormentada por la duda—. Salía en El hijo de la furia.
—Terry me ha explicado que George Sanders se suicidó, James, pero no recordaba cómo. Le he dicho que tú lo sabrías.
—Con pastillas —aclaró James Leer—. En 1972.
—¡Magnífico! ¡Sabe hasta la fecha! —Crabtree le alcanzó a la señorita Sloviak su abrigo—. Toma —le dijo.
—¡Oh, James es asombroso! —aseguró Hannah—. ¿Verdad que sí, James? No, en serio, prestad atención. —Se volvió hacia James Leer y lo contempló con la admiración de una hermana pequeña que lo creyese capaz de realizar ilimitadas y sorprendentes hazañas. El deseo de complacerla del aludido se evidenciaba en la tensión de todos los músculos de su rostro—. James, ¿quién más se suicidó? Qué otras estrellas de cine, quiero decir.
—¿Quieres que te las cite todas? Son demasiadas.
—Bueno, pues sólo algunas de las más importantes.
No se mostró agobiado, ni levantó los ojos al cielo, ni se rascó pensativo la barbilla. Simplemente, abrió la boca y empezó a enumerarlas contando con los dedos.
—Pier Angeli, en 1971 o 1972, también con pastillas. Charles Boyer, en 1978, otra vez pastillas. Charles Butterworth, en 1946, creo. Con un coche. Supuestamente fue un accidente, pero bueno... —Ladeó la cabeza con pesar—. Estaba perturbado. —Había un rastro de ironía en su tono, pero tuve la sensación de que iba dirigido a nosotros. Era evidente que se tomaba sus suicidios hollywoodienses y la petición de Hannah absolutamente en serio—. Dorothy Dandridge, se tragó un frasco de pastillas en..., creo que en 1965. Albert Dekker, en 1968; se ahorcó. Dejó una nota póstuma escrita con lápiz de labios sobre su vientre. Ya sé que resulta extraño. Alan Ladd, en 1964, pastillas de nuevo. Carole Landis, más pastillas; no recuerdo la fecha. George Reeves, que interpretó a Supermán en televisión, se pegó un tiro. Jean Seberg, pastillas, por supuesto, en 1979. Everett Sloane, que por cierto, era extraordinario, pastillas. Margaret Sullavan, pastillas. Lupe Vélez, un montón de pastillas. Gig Young, le pegó un tiro a su esposa y después se voló los sesos en 1978. Quedan más, pero no sé si los conoceréis. ¿Ross Alexander? ¿Clara Blandick? ¿Maggie McNamara? ¿Gia Scala?
—Yo no he oído hablar de la mitad de ellos —reconoció Hannah.
—Los has citado alfabéticamente —observó Crabtree.
James se encogió de hombros y dijo:
—Bueno, así es como funciona mi cerebro.
—No te creo —terció Hannah—. Diría que tu cerebro funciona de una manera mucho más caprichosa. Venga, tenemos que irnos."

Chicos prodigiosos, Michael Chabon