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lunes, 10 de septiembre de 2012

Margot y la boda









En “Margot at the Wedding” Noah Baumbach dice que quiso reflejar el ambiente veraniego de las películas de Eric Rohmer. No me parece muy conseguido porque rodada entre abril y junio el sol todavía no es la del verano y en las escenas se aprecia el viento. Los protagonistas llevan chaquetas y cuando se las quitan como en la escena de la piscina sientes lástima por ellos. De todas formas puede que sea lo mejor porque ese ambiente de septiembre cuadra con una historia que nos muestra la cara más sórdida de la realidad. Ha sido denostada por muchos como mediocre en el peor de los casos y como deprimente en el mejor. Intuyo que al estar protagonizada por Nicole Kidman y llevar la palabra “boda” en el título cuando se estrenó los espectadores esperaban otra cosa, una comedia típica de Hollywood o un chick flick. Pero verdaderamente es una película dura sobre una familia aparentemente normal en la superficie pero hondamente dañada en el interior.
Margot acompañada de su hijo adolescente, Claude, viaja a Long Island para acudir a la boda de su hermana, Pauline (Jennifer Jason Leigh).  Las hermanas llevan bastante tiempo distanciadas y la tensión irá creciendo entre las dos. Para empezar a Margot no le gusta nada el futuro marido de Pauline, Malcolm (Jack Black), un artista desempleado que según Margot “es como uno de esos tíos a los que rechazábamos cuando teníamos 16 años”.
Los traumas familiares que arrastran Margot y Pauline (igual que los de los hermanos “Shame”) no son revelados y sólo podemos imaginarlos. Margot (Nicole Kidman) está profundamente dañada pero no inspira simpatía porque se comporta de manera narcisista, hipercrítica, pasiva-agresiva y en ocasiones cruel. Es escritora y su inspiración la saca de su propia familia. Margot analiza y diagnostica a los que la rodean sin importarle el dolor que pueda infligir. Además en sus diagnósticos están proyectados sus propias frustraciones y miedos y nunca se aplica a sí misma la mirada crítica.
La acción la conduce Margot y las posibles víctimas de sus maquinaciones giran en torno a ella. Su hermana Pauline aunque tan traumatizada como Margot es bien intencionada y parece haber encontrado en Malcolm a alguien que la puede liberar de su neurosis. Malcolm es un personaje recurrente en el universo Baumbach, el artista con ambiciones frustradas. El personaje más equilibrado, amable y compasivo es el marido de Margot (John Turturro) que aparece muy brevemente. El cuadro familiar lo completan Claude y la hija de Pauline, Ingrid; agradables y sensibles pero más que probables herederos de los males psicológicos familiares.
Aunque la dinámica familiar es el centro se pueden encontrar otros temas que circundan “Margot y la boda”. Existe un subtexto social representado por los Voglers una familia vecina que pertenecen al grupo que en EEUU se suele denominar “white trash” o “trailer trash” sólo que ellos no viven en un tráiler sino en una pequeña y deteriorada propiedad. Asan cerdo en el jardín y tiran basura al jardín de Pauline como presión para que ella corte un árbol cuyas raíces, ellos claman, están invadiendo su propiedad. El hijo de los Vogler ataca y muerde a Claude sin provocación mediante. Margot supone que los Vogler abusan de sus hijos (quizás tiene prejuicios acerca de esa clase o proyecta su propia historia familiar en ellos). Parece que el final sugiere que Baumbach quería señalar la incapacidad de Margot y su familia para ver a los Vogler como seres humanos, pero dado el comportamiento desconsiderado que tienen los Vogler ¿Quién puede culparles?
El guión lleno de conversaciones aparentemente intrascendentales no ayuda en ocasiones al avance de la acción, pero da a conocer a los personajes y crea una atmósfera de realismo. En cuanto al aspecto visual la rata muerta que ve Claude puede ser simbólica de todo lo podrido que hay bajo la superficie. O podría ser simplemente otra parte más de la "atmósfera", una imagen que Claude ve casualmente y que no olvidará nunca. 

lunes, 18 de junio de 2012

El tiempo que queda (François Ozon)













Romain es un egocéntrico y exitoso fotógrafo gay (aunque esto último no es algo en lo que se haga hincapié en la película). Cuando le diagnostican un cáncer terminal Romain lo oculta y procede a distanciarse de su familia y a provocar una ruptura con su novio.  Sólo con el tiempo llegara a la aceptar su destino.
Las escenas centrales de la película corresponden a la visita de Romain a su abuela (Jeanne Moureau), la única persona a la que ha decidido revelar su enfermedad. Romain justifica su decisión diciéndola que se lo puede decir a ella porque igual que él, pronto morirá. Destaca la poderosa presencia de Jeanne Moureau. A Melvil Poupaud sólo le había visto anteriormente en “Cuento de verano” y me parece que ha madurado muy bien y resulta convincente en el papel de Romain.
Una de las partes más controvertidas de la película es en la que el protagonista traba conocimiento con una camarera, Jany (Valeria Bruni-Tedeschi) cuyo marido es estéril. Jany pide ayuda a Romain para tener un hijo. Éste aunque reluctante al principio termina por acceder. Algunos han querido ver en esto una trama convencional donde el protagonista homosexual se redime manteniendo relaciones con una mujer y reproduciéndose. El significado que da Ozon a esta parte es que Romain no es un gran artista, un hijo para él es una forma de encontrarle significado a una muerte injusta por lo temprana. Según Melvil Poupaud no se trata de que Romain quiera dejar traza y perpetuarse a sí mismo sino que al final de su viaje hacia la muerte decide formar parte de un ciclo y transmitir vida.
Aunque no amante de la “nouvelle vague” Ozon admira a Chabrol y Rohmer, éste último fue maestro suyo en la escuela de cine. No es casualidad por lo tanto que haya escogido a dos actores rohmerianos como Melvil Poupaud (Cuento de verano) para interpretar a Romain y a Marie Riviere (El rayo verde) para el papel de su madre. Algunas escenas de la película tienen lugar en la playa donde el cambio de  la luz del sol hacia el atardecer y la noche son simbólicos, igual que lo es el fenómeno del rayo verde para Rohmer.
 “El tiempo que queda” me recuerda otra película francesa en la que el tema es muy parecido , “Todos contra Leo” de Christophe Honorè. En ella la enfermedad es el SIDA y se centra más en como vive la situación el hermano pequeño del enfermo que va a morir. Si bien no es la peor de Honorè (para ese puesto yo votaría “Ma mère”), de las películas suyas que he visto todas me han parecido en la medianía excepto “Les Chansons d´amour” que es genial.  Esto creo que se debe a que la mitad del trabajo de “Les Chansons…”  se lo hizo a Honorè Alex Beaupain escribiendo las canciones.
“El tiempo que nos queda” forma parte de la trilogía que François Ozon dedica a la muerte. La que me parece más satisfactoria de las tres es “Bajo la arena” en la que Charlotte Rampling se enfrenta con la desaparición de su marido en la playa. El misterio sobre lo que le ha podido ocurrir es un aliciente más junto con la interpretación de la actriz protagonista. La tercera parte de la trilogía, “El refugio” es la más floja, pero destaca por la belleza de los paisajes veraniegos de playa que abundan en las películas de Ozon. Louis y Mousse están enamorados pero también dominados por la droga. Un día después de inyectarse, Louis muere de sobredosis, Mousse sobrevive y descubre que está embarazada. También aquí aparecen en pequeños papeles Melvil Poupaud (como Louis novio de la protagonista que muere nada más empezar la película) y Marie Riviere.

He intercalado capturas de "Cuento de verano" (4 y 6 del prólogo mudo del comienzo cuando pasea por la playa), creo que guardan cierto paralelismo con las escenas de paseo por la playa de  "El tiempo que queda".
La 9 es de Melvil tocando la guitarra en "Cuento de verano". Y las dos últimas fotos son de "El refugio" con Melvil en el papel de heroinómano tocando la guitarra como en "Cuento de verano".

miércoles, 17 de agosto de 2011

lunes, 18 de julio de 2011

Dandismo y heroísmo




ADRIEN: El trabajo es una huída, una buena conciencia que se compra.
SAM: Veo que Vd. Es la persona menos perezosa que conozco.
ADRIEN: Llevo más de 10 años sin vacaciones.
SAM: Claro, sus vacaciones son permanentes.
ADRIEN: No. Bueno, sí y no. No claramente.
SAM: Lo que más me divierte de Vd. Es que siempre quiere justificarse.
ADRIEN: No lo crea, yo no tengo mala conciencia.
SAM: Es un mentiroso. Tiene mala conciencia por no tener dinero.
ADRIEN: Escuche, Sam, habrá oído hablar de los Taraumara. Cuando los indios Taraumara bajan a las ciudades a mendigar, se ponen de perfil delante de las puertas, con un aire de desprecio soberano. Les des algo, o no, se retiran siempre al cabo de un rato sin decir gracias. Yo siempre mendigo de perfil. Y todos somos esclavos de alguien. Veo menos deshonroso vivir en casa de un amigo que recibir dinero del estado.
La mayoría de la gente hace un trabajo superfluo. Las tres cuartas partes de las actividades son parásitas. El parásito no soy yo, sino el burócrata, y el técnico.
SAM: Si yo midiera dos metros y tuviera un perfil de águila, también me sentiría más cerca de Dios. Es un nostálgico de los viejos tiempos. Yo estoy muy contento con el mundo moderno.
ADRIEN: Yo soy tan moderno como Vd. Pero en el futuro no contará el trabajo, sino la pereza. Todos dicen que el trabajo es un medio. Se habla de la civilización del ocio. Cuando llegue, ya no sabremos qué es el ocio. Algunos trabajan 40 años para luego descansar, y cuando llega el descanso no saben qué hacer y mueren. Sinceramente creo servir mejor a la humanidad así que trabajando. Es cierto, hay que tener el valor de no trabajar.
SAM: ¿Más que para ir a la luna?
ADRIEN: También se puede ir a la luna.
SAM: Es fascinante y despreciable. Si debo escuchar su monólogo esta noche, dormiré aquí en el sillón. Su actitud es la de un niño que se siente totalmente satisfecho con su vida mediocre. Váyase a la luna, Adrien, váyase a Júpiter también. Váyase ya, y cuando llegue allí, mándeme una tarjeta postal si tiene dinero para comprarla.

ADRIEN: Escuche, viejo malvado, siempre he lamentado no ser rico. Pero si fuera rico, Io que Vd. llama mi dandismo sería algo gratuito. Le faltaría todo el heroísmo. Y no concibo un dandy sin heroísmo.

La coleccionista, Eric Rohmer

viernes, 15 de julio de 2011

Descanso





¿Y en qué quería ocuparme? Justamente en no hacer nada. Por una vez, quería vacaciones de verdad. Pues yo trabajaba cuando descansaban los demás. Por las noches, los fines de semana, en la playa, la montaña... Pero este año sólo me interesaba la galería de arte. Todo se borraba ante ella, y como la etapa de preparación había pasado, sólo tenía que esperar. No teniendo nada que hacer por primera vez en 10 años, me propuse no hacer nada efectivamente, o sea, llevar el ocio a un grado nunca alcanzado en mi existencia. Me esforzaba en no pensar. Estaba solo ante el mar, lejos de los cruceros y las playas, cumpliendo un sueño anhelado desde la infancia, y aplazado año tras año. Quería mirarlo en la forma más vacía posible, exenta de toda curiosidad de naturalista, pues de haber seguido mis inclinaciones, me habría pasado el tiempo recogiendo plantas. Me abandonaba a la fascinación de observar sombras y luces, entrando en un letargo que el baño prolongaba. Este estado de pasividad, de disponibilidad total, parecía hecho para mantenerse más allá de esa euforia a la que te lleva el primer contacto con el mar. Me imaginaba muy bien pasando el mes de esa manera.

La coleccionista, Eric Rohmer

sábado, 26 de marzo de 2011

El campo y la ciudad

JULIEN: ¿Ves como te gusta el campo?
BERENICE: Sí, es precioso y relajante, pero más de cuatro días me aburriría.
JULIEN: Porque no haces nada.
BERENICE: En la playa tampoco y no me aburro. Ni escribo.
JULIEN: Escribe aquí.
BERENICE: ¡Imposible! necesito el ruido, el movimiento, el caos. La falta de vida me quita la inspiración.
JULIEN: ¡Aquí lo que sobra es vida!
BERENICE: Sí. La de las vacas, las aves, las ranas… Tú también te aburrirías sin la política. Y tu hija preferiría estar en la playa.
JULIEN: Ya va a la playa con su madre.
BERENICE: La gente que cree tener raíces en una tierra demuestra… tener un espíritu de lo más reaccionario que hay. Lo ve todo desde un punto de vista localizado. El hombre moderno debe ampliar sus horizontes, ser cosmopolita, ciudadano del mundo.
JULIEN:¿Y llevar un pin que diga Made in USA? Ese tipo de hombre es aséptico, mi antitesis total. Mucha gente de las ciudades conserva… las raíces rurales de sus abuelos.
BERENICE: Sí, para olvidarlas. En cuanto ahorran un poco se van de vacaciones… a la otra punta del mundo a Grecia, al Caribe…
(…)
BERENICE: La ciudad atrae mucho
JULIEN: Mucho menos que antes. A ti quizás, pero la mayoría vive en la ciudad… porque allí encuentra trabajo
BERENICE:¡Que va! En la ciudad lo que fascina son… las infinitas posibilidades de conocer gente. Y aunque no conozcan a nadie, les fascina el encanto de ver pasar a la gente, la muchedumbre, la variedad humana: altos, bajos, jóvenes, viejos, guapos, feos, su encanto, su ridiculez… Eso les fascina. Hay mil posibilidades. En el campo, los jóvenes para divertirse… se van al único café que hay… o a los bailes con los mismos amigos de siempre y la misma música. En París, aunque la vida sea más dura… y haya menos tiempo libre hay emoción, hay mil proyectos posibles, mil barrios, mil cines, mil restaurantes, mil fiestas… Es emocionante saber estamos en la capital y que todo es posible. Pero aquí…
JULIEN: Tu eres parisina, novelista y te crees Balzac
BERENICE: No, pregúntales
JULIEN: Ya lo hago
BERENICE: ¿Qué prefieren los jóvenes?
JULIEN: Ellos no se aburren, no quieren vivir en la ciudad. Sueñan con quedarse aquí. Tú lo ves desde fuera… y así, todo esto parece triste, inanimado, y en París todo parece emocionante, pero en el fondo la gente, en el fondo de su corazón ¿qué siente de verdad?
BERENICE: La emoción, la ciudad
JULIEN:¡No! Siente soledad, eso es todo
BERENICE: Prefiero el anonimato, la soledad… y soñar con poder conocer gente… a ver siempre a los mismos y sentirme observada
JULIEN: No lo creerás, pero en París tu círculo es más restringido que aquí
BERENICE: Allí puedo cambiar de círculo
JULIEN: ¡Eso son bobadas! Escucha. Las posibilidades de conocer gente son… mayores aquí que en una ciudad. Las relaciones sobrepasan el pueblo, hay fiestas por los alrededores


El árbol, el alcalde y la mediateca, Eric Rohmer

martes, 15 de marzo de 2011

La ecología

RÉGIS: Pero si los ecologistas son reaccionarios, no son de izquierdas y nunca lo han sido.
BÉRÉNICE: ¿Usted cree?
RÉGIS: Sí.
BÉRÉNICE: Yo también lo pienso. Los verdes le devorarán.
JULIEN: No.
BÉRÉNICE: Es verdad, los ecologistas son los aliados objetivos del Frente Nacional. Ciertamente no de él.
JULIEN: Lo que dices es completamente absurdo. Durante las elecciones los verdes fueron a verme y me dijeron: lo que ha hecho aquí es lo que promovemos, pero no sólo en el plano ecológico, sino en el plano social. Ellos aún van más lejos que yo.
(…)
RÉGIS: En general la ecología política es peligrosa… porque es conservadora y hasta reaccionaria. Para los verdes, el ideal es que el mundo no debería progresar, sino retroceder. Desde nuestros orígenes, seguimos un proceso evolutivo… que nadie debe parar. Es una verdad fundamental de la evolución, indiscutible. Todos deberían estar de acuerdo en eso.
JULIEN: ¿Y si esa evolución va por el mal camino?
RÉGIS: ¿Cuál es el bueno y cuál el malo?
JULIEN: Si el planeta explotará o se volviera radioactivo, sería el malo.
RÉGIS: No hemos llegado a eso.
JULIEN: Podría pasar.
BÉRÉNICE: ¡Si debemos morir, muramos! Si la vida no avanza, no merece la pena vivirla. Me niego a vivir únicamente para organizar mi supervivencia ¡Qué horror! Si sobrevivir es la única opción ¡viva el suicidio! El suicidio puede ser hermoso pero la supervivencia es degradante, lamentable. Pero de todas maneras no creo a esos profetas agoreros. El hombre aún tiene futuro y el mundo vivirá, progresará, se desarrollará por el buen camino. Los seres vivos siempre se han adaptado al entorno. El hombre se adaptará al gas carbónico y a las radiaciones como los peces se adaptan al agua.
BLANDINE: Tengo la impresión de que confunde dos cosas. De una parte, la evolución natural del universo… y de otra parte los daños causados por el hombre que introduce un parámetro nuevo, su voluntad esencialmente perversa.
BÉRÉNICE: Pero la ley natural cede ante la tecnología. Como remedio a la tecnología, se requieren más avances tecnológicos.
BLANDINE: Conozco esa formula pero no me convence. Es un poco simplista
BÉRÉNICE: Nada es simple, evidentemente. Los ecologistas sí nos confunden con su simplicidad. Todo el mundo sabe que un desastre natural es más contaminante… que uno causado por el hombre.
BLANDINE: ¡Sí, pero al menos la naturaleza puede activar sus defensas!
BÉRÉNICE: No siempre
BLANDINE: ¿Cómo que no?
BÉRÉNICE: No, antaño hubo erupciones volcánicas, terremotos, diluvios o caídas de aerolitos… cuyos efectos han sido más contaminantes… que, por ejemplo, Chernobil.
BLANDINE: El problema es que una vez más el hombre impide a la naturaleza usar sus defensas. Se arrasan los bosques.
BÉRÉNICE: Se reforestan. Hay más que nunca.
BLANDINE: En la Amazonía no.

El árbol, el alcalde y la mediateca, Eric Rohmer

El árbol, el alcalde y la mediateca

Dentro de la filmografía de Eric Rohmer existen dos películas atípicas y comúnmente consideradas menos atrayentes, pero que no dejan de tener interés y actualidad. Una de ellas es Cuatro aventuras de Reinette y Mirabelle donde explora el campo de las decisiones éticas. La otra es El árbol, el alcalde y la mediateca donde se mete de lleno en el terreno político.
El árbol, el alcalde y la mediateca se construye en siete partes, accidentes del azar que determinan (o no) su conclusión. Rohmer no se decanta por ninguna opción política lo observa todo como un naturalista. La acción discurre casi como en un documental donde los personajes se explayan defendiendo sus opiniones. No son maniqueos y muestran sinceridad e idealismo cuando hablan de sus ideas, lo que no impide que se equivoquen por supuesto.
La acción gira en torno a una iniciativa de un alcalde socialista de pueblo Julien Dechaumes que quiere construir un complejo cultural que contará con; biblioteca, videoteca, teatro y piscina. El proyecto es a todas luces excesivo para las pocas familias del pequeño pueblo, pero el alcalde piensa en el futuro. El cree que en unos años con el video, el fax y el ordenador el trabajo de oficina se hará en casa. Cree que actividades como la que promueve frenarán la masificación de la ciudad y la desertificación del campo. Dinamizar el campo atraerá gente de la ciudad, así habría un reparto armónico de la población. Bérénice su novia prefiere la ciudad y piensa que el trasvase de gente de la ciudad al campo es utópico. Dechaumes se encuentra con la oposición al proyecto por parte de Marc Rossignol, director y profesor de la escuela del pueblo. Rossignol ama el sauce situado en el centro del prado en el que se planea construir la mediateca. Sus tesis son más cercanas al ecologismo político que las de Dechaumes. Mientras que Dechaumes piensa que los pequeños agricultores desaparecerán en favor de las grandes explotaciones y los habitantes de la ciudad se ubicarán en el campo en el futuro. Por el contrario Rossignol opina que esto no se puede predecir y que el campo no es campo si no se cultiva y si se parece cada vez más a la ciudad. La mediateca destruirá la belleza del paisaje que debe ser protegido porque cada vez quedan menos.
Entre el resto de los personajes destaca Bérénice la novia novelista del alcalde. Bérénice es una apasionada de lo bello y grandioso, el edificio respetuoso con el entorno que se pretende construir le parece demasiado práctico y poco artístico y odia los parkings. Todas sus opiniones son de este tenor, ella desea estar en la ciudad donde está la acción y la emoción.
Julien Dechaumes y Bérénice visitan al director de una revista de izquierdas Régis Lebrun-Blondet que les recibe en compañía de una de sus redactoras, Blandine Lenoir. Régis carece del idealismo de Dechaumes y no tiene una opinión muy alta de él. Blandine es el polo opuesto de Bérénice práctica y preocupada por problemas sociales concretos.

martes, 21 de diciembre de 2010

Cuento de invierno - Eric Rohmer



Felicie y Charles se enamoraron durante unas vacaciones y ella en un lapsus le dio una dirección errónea. No puede por tanto ponerse en contacto con él cuando se da cuenta de que está embarazada. Cinco años después aun no le ha podido encontrar. Ahora duda entre dos hombres diferentes Maxence y Löic aunque ninguno de ellos significa para ella lo que significó Charles.
Maxence es el peluquero y dueño de la peluquería en la que trabaja Felicie. Está casado, pero al principio de la película comunica a Felicie que ha dejado a su mujer y está dispuesto a comenzar una nueva en Nevers donde ha comprado una peluquería. Löic es un intelectual que trabaja como bibliotecario. Felicie parece que al fin se ha decidido por vivir con Maxence y dejar a Löic. Sin embargo, tras una meditación en la catedral de Nevers se da cuenta de lo evidente: de que no tiene ninguna necesidad de comprometerse con un hombre al que no ama. La verdad es que Felicie no me da mucha pena. Más bien me dan pena los pobres Maxence y Löic que están a merced de sus cambios de opinión. A lo largo de la película Felicie hace comparaciones entre Charles, Maxence y Löic. Aunque ella dice que se mueve por sentimientos, sabe expresar muy bien el por qué e sus preferencias. El que peor sale parado siempre es Löic,aunque la madre, la hermana y la hija de Felicie lo prefieren antes que a Maxence. Por cierto que cuando la madre de Felicie habla de Maxence le llama “tu peluquero” y no entiendo a quéviene recalcar eso, ¡su hija también es peluquera! Yo también prefiero a Löic, me gusta cuando dice a Felicie que la quiere porque tiene la impresión de ver en su corazón. Lo que según Felicie les separa es que para él la palabra escrita es lo más importante. Cuando Felicie llega a casa de Löic parece casi como si hubiera organizado un club de lectura. Está discutiendo con dos amigos “El más largo viaje” de E.M, Forster que han leído los tres. La única que no ha leído la novela es Felicie y su cara de aburrimiento es apreciable. “El más largo viaje” es la novela que menos me gusta de Forster, pero es de mis escritores favoritos así que me sorprendió y me gustó ue fuese mencionado en una película de Rohmer. ¿Y qué más se puede decir de Löic? Hasta puede recitar de memoria un poema de Victor Hugo sobre la metempsicosis:
Pues, una bestia va y viene, ruge, aúlla, muerde;
Un árbol está ahí, sosteniendo sus ramas erizadas,
Una losa se hunde en medio del pavimento
Que la carreta aplasta y el invierno destruye.
Y, bajo esos espesores de materia y de noche,
Árbol, bestia, adoquín, peso que nada levanta,
En esa terrible profundidad, ¡un alma sueña!
¿Con qué sueña? ¡Sueña con Dios!
En Cuento de invierno se tratan diversos temas entre los que está el verdadero amor, la magia, la fe, el alma... La apuesta de Pascal es mencionada igual que en “Mi noche con Maud” y consiste en que el apostar por la inmortalidad, la ganancia es tal que compensa la poca probabilidad, y que aunque el alma no sea inmortal, el que cree que lo es vive mejor que el que no. Las discusiones de la película hacen pensar en estos temas, el problema que yo le veo a la apuesta de Pascal es que uno tendría que olvidar los argumentos que le hacen ser escéptico y no podría se honesto intelectualmente consigo mismo por ello. También me sugiere ideas lo que dice Löic sobre el alma “¿Y qué es el alma sin la identidad de la persona? Si no tienes recuerdos de tu vida anterior ya no eres tú. Me resultan interesantes las ideas que se pueden derivar, los traumatismos cerebrales que cambian la personalidad y las enfermedades de la memoria que la destruyen siempre plantean interrogantes acerca de la identidad de la persona y la naturaleza del alma.
En las fotografías:
Löic en su casa charlando con sus amigos.
Trabajando en la biblioteca donde recibe una visita de Felicie.
En su despacho de la biblioteca apoyándose en sus libros.

lunes, 6 de diciembre de 2010

Bibliotecas y bibliotecarios en el cine


















Bibliotecas: Un ángel en mi mesa
Janet Frame es una escritora neozelandesa muy conocida en su país. En España se la conoce más por la película “Un ángel en mi mesa” de Jane Campion basada en su autobiografía de mismo título. Janet Frame provenía de una familia humilde, su padre era ferroviario. Estudió para maestra, pero diagnosticada erróneamente como esquizofrénica tuvo que vivir en varios manicomios y recibir numerosos tratamientos de electroshock. En 1954 cuando la iban a someter a una lobotomía tuvo la suerte de que uno de los cirujanos leyó en las noticias que le había sido concedido uno de los premios literarios más prestigiosos de su país. En ese momento decidió que Janet se quedaría como estaba.
La película me parece excelente, mejor que El piano de la misma directora que encuentro algo sobrevalorada. Una de mis partes favoritas es cuando a Janet Frame niña le conceden como premio en el colegio libre acceso al Ateneo. En ese momento ella pregunta ¿Qué es el Ateneo? A continuación aparece paseándose por las estanterías de la biblioteca y cogiendo libros prestados para toda su familia. Ella se queda con un libro de cuentos de los hermanos Grimm que luego escenifica con sus hermanas.
BibliotecariosEntre los bibliotecarios se podría destacar a Hannibal Lecter que aspira al puesto de bibliotecario de la Fundación Capponi. Lecter es designado por sus amplios conocimientos de italiano, su erudición en lo referente al Renacimiento y a Dante. Finalmente las circunstancias truncaran su recién iniciada carrera profesional.
En El nombre de la rosa William de Baskerville y su ayudante Adso investigan la serie de extraños asesinatos que tienen lugar en una abadía de los Alpes. Cobra protagonismo la biblioteca de la abadía custodiada por un oscurantista monje español Jorge de Burgos. Se van sucediendo las muertes de personajes cercanos a la biblioteca como Adelmo da Otranto ilustrador, Venancio de Salvemec, traductor y de los ayudantes de la biblioteca Berengario de Arundel y Malaquías de Hildesheim.
Y llegamos a mi bibliotecario favorito Loic de Cuento de invierno, pero de él ya hablare más adelante cuando dedique una entrada a la película.

miércoles, 22 de septiembre de 2010

Cuento de otoño - Eric Rohmer



Magali (Béatrice Romand) es una viticultora de 45 años, su mejor amiga es Isabelle (Marie Rivière) propietaria de una librería, casada y con una hija a punto de casarse. Magali tras quedar viuda no ha encontrado otra pareja aunque se siente sola y le gustaría. Isabelle piensa que la mejor forma de conocer a alguien es poner un anuncio en el periódico local y lo hace a espaldas de Magali que está totalmente en contra de esta idea. A continuación se encuentra ella misma con los posibles candidatos haciéndose pasar por Magali. El anuncio es contestado por Gerard (Alain Libolt)un atractivo divorciado de la edad de Magali. Isabelle se describe a sí misma como Magali y evalúa a Gerard en las sucesivas citas. Gerard es agradable y tiene cosas en común con Magali, además aunque encuentra atractiva a la rubia Isabelle siempre ha preferido a las morenas. Isabelle le revela la verdad y aunque contrariado al principio finalmente accede a conocer a Magali en la boda de la hija de Isabelle.
Rosine (Alexia Portal) novia del hijo de Magali también quiere hacer de casamentera por su parte. Su candidato es su antiguo profesor de filosofía Etienne (Didier Sandre), con el que ella tuvo una relación en el pasado. Etienne parece preferir a las jóvenes, pero esto podría cambiar. Rosine piensa que si une a Etienne y Magalie él será tabú y podrán ser sólo amigos manteniendo a la vez a Magali como amiga. Este plan es poco realista porque es evidente que Etienne todavía se siente muy atraído por Rosine y ésta tampoco ha terminado de superar la ruptura. Isabelle también da muestras de no sentirse indiferente ante el atractivo de Gerard. El día de la boda de la hija de Isabelle se producen encuentros y desencuentros.



En “Cuento de otoño” los personajes no se detienen tanto en explicar sus pensamientos y opiniones como en otras películas de Rohmer, pero los diálogos son inteligentes como siempre. La actuación de los actores es vital a la hora de definir a los personajes. No sólo las palabras, sino sobre todo también las miradas y los gestos revelan los sentimientos y la personalidad de cada uno y pueden contradecir las palabras.
Magali se revela desde el principio como una mujer complicada que inspira tanto marcadas antipatías en su propio hijo y en la hija de Isabelle cómo profunda amistad en Isabelle y Rosine. Isabelle es una mujer equilibrada y muy leal a Magali. Sin embargo, no es consciente de la tentación que le va a suponer ser deseada de nuevo por un hombre tan interesante cómo Gerard y aún cuando le ha desvelado ya la verdad no puede evitar breves momentos de flirteo con él.
De los personajes masculinos el de Gerard es el que más me gusta por su inteligencia y sinceridad. Etienne por el contrario resulta infantil en contraste con su ex alumna Rosine que le maneja a su antojo. Del marido de Isabelle y del hijo de Magali sabemos muy poco. Hay quien dice que los personajes interpretados por Béatrice Romand y Marie Rivière son versiones de los papeles que interpretaron en otras películas de Rohmer siendo más jóvenes. A mí en cambio me parece que se han intercambiado los antiguos papeles en cuanto a las actitudes frente a las relaciones de pareja. Marie Rivière en “El rayo verde” interpretó a Delphine que una mujer idealista que cree en las señales y en el destino y se resiste a forzar las cosas. Igual que Magali (Béatrice Romand) que según Isabelle piensa que los hombres caen de los árboles. Béatrice Romand en “La buena boda” era Sabine que tiene un plan definido para encontrar pareja y se dedica a ello con entusiasmo y decisión. Isabelle (Marie Rivière) adopta está misma estrategia aunque no en beneficio propio, pero sus esfuerzos no están condenados al fracaso porque es prudente y tiene más experiencia. Sabine estaría cometiendo el mismo error de juicio que Rosine fantaseando con lo que le gustaría que ocurriera en lugar de mirar fríamente la realidad.
“Cuento de otoño” se enmarca en la campiña francesa y es que uno de los temas predilectos de Rohmer son los contrastes campo y ciudad, cómo afectan los avances tecnológicos al campo etc. Estos temas los tratará más profundamente en “El árbol, el alcalde y la mediateca”. Aunque al final Rohmer no llega a una conclusión clara y cerrada como en otras de sus películas las perspectivas parecen prometer lo mejor para Magali.

miércoles, 4 de agosto de 2010

Daniel y Adrien



DANIEL
Daniel Pommereulle que presta su persona a nuestra historia- es uno de esos pintores que en los años sesenta abandonaron el pincel y se lanzaron a la fabricación de objetos. El crítico Alain Joufroy les llama los “Objecteurs”, y bajo ese nombre les ha dedicado un artículo en la revista Quadrum. Estamos en 1966. Y precisamente Jouffroy está de visita en casa de Daniel. Admira una de sus últimas creaciones: un potecito de pintura amarillo sobre el que ha fijado unas hojas de afeitar. Lo coge y lo hace girar en su mano. Comenta:

- Cada uno debe llegar hasta sus propios límites. Las personas que no llegan a sus propios límites son como los versalleses que asedian a las personas que llegan hasta sus propios límites. Las personas que van hasta sus propios límites están obligatoriamente asediadas, son obligatoriamente agresiva… Por ejemplo, esto es perfecto. No se puede hacer nada mejor. Es lo Único, que sustenta su causa en nada, y que está rodeado… ¡Ay!...
Se ha cortado. Una gotita de sangre brota de su pulgar.
- …por su propio pensamiento como por unas hojas de afeitar. Es imposible de sostener: ¡ahí está la prueba!
Daniel sonríe:
- Está hecho adrede.
- ¿Te gusta que la gente se corte con tu pintura?
- Sí, pero no tú. Tú eres un filo, no tiene que cortarte.
- No me molesta cortarme. Sólo frecuento personas peligrosas. Tú me haces pensar en la elegancia de la gente de finales del siglo XVIII que estaba extremadamente preocupada por su apariencia, por el efecto que producía en los demás… Ya era el inicio de la Revolución: la elegancia crea una especie de vacío en torno a la persona…

Contempla a Daniel, que lleva, sobre una camisa azul marino una corbata de lana de vivo color amarillo. Continúa:

- …Tú también creas este vacío en torno a tu persona. Lo creas con tus objetos, pero podrías prescindir perfectamente de ellos. Las hojas de afeitar son la palabra. También puede ser el silencio… Puede ser la elegancia: un determinado amarillo…




ADRIEN
Se habla del Amor y de la Belleza. Ambas tienen sobre el tema una opinión diametralmente opuesta. Aurélia afirma que se ama a alguien porque se le encuentra bello, Jenny que se le encuentra bello porque se le ama. Adrien se inclina a favor de esta última opinión:
- Un hombre puede ser muy feo y tener una gracia infinita. Si se le ama, su fealdad se convierte automáticamente en belleza.
- Yo –dice Aurélia-, si encuentro feo a alguien, no hay gracia que valga. Nada es posible. Ha terminado inmediatamente.
- ¿Terminado qué? –pregunta Jenny.
- ¡Cualquier cosa! Incluso unas relaciones muy superficiales. Incluso tomarse una copa cinco minutos con él. No puedo: si es feo, me voy… ¿Usted podría tener relaciones amistosas con alguien que encontrara feo?
- Pero la fealdad y la belleza no intervienen en mi amistad. Si soy amiga de alguien, no le veo ni feo ni guapo.
- No se siente amistad en cinco minutos. Hay que verse varias veces. ¿Cómo consigue ver varias veces a una persona que encuentra fea? Yo me escapo. ¡No es posible!
- No se trata de fealdad. Entre la multitud de personas que son bellas, yo sólo me siento interesada por aquellas que tienen algo más allá de su belleza. Si viera a alguien de una belleza absoluta, me aburriría.
- Cuando digo bello, no me refiero a la belleza griega. La belleza absoluta no existe. Para que yo encuentre bello a alguien, basta a veces con una cosa de nada: podría bastar algo entre la nariz y la boca.
- Por consiguiente –dice Adrien-, cualquiera tiene una posibilidad de gustarte.
- ¡No!
- Una posibilidad al menos.
- ¡Ah, no! Ahí está el drama. Encuentro a poquísimas personas bellas. Eso me limita increíblemente en mis relaciones, porque cuando las personas me repugnan no las vuelvo a ver. Ahora bien, como hay muchas personas que me repugnan…
- ¿Y nunca ocurre –dice Jenny-, que cambie de opinión?
- No. Por ejemplo, la primera cosa que pregunto si vamos a cenar a casa de alguien no es: “¿qué hace?” Pregunto: “¿es guapo?”
- ¿Y las personas feas –pregunta Adrien-, están irremediablemente condenadas?
- Sí.
- ¿A la hoguera con ellas?
- Sí, se lo merecen. La fealdad es un insulto para los demás. Uno es responsable de su físico. Por ejemplo, la nariz se mueve o envejece según la manera de hablar, o de pensar. Por otra parte, cuando yo hablo de belleza, no me refiero a una belleza inmóvil: los movimientos, la expresión, la manera de andar, todo cuenta…
Seis cuentos morales (La coleccionista), Eric Rohmer