Mostrando entradas con la etiqueta Michael Chabon. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Michael Chabon. Mostrar todas las entradas

miércoles, 11 de enero de 2012

Suicidios de estrellas



"—¡Oh, vamos, Terry! —intervino Hannah Green, que cogió a Crabtree del codo como si lo conociese de toda la vida—. Es James Leer, el chico del que te he hablado. Pregúntale algo sobre George Sanders, lo sabe todo de él.
—¿Que me pregunte sobre qué? —dijo James, que consiguió por fin liberar su pálida mano de la de Crabtree. Le temblaba un poco la voz, y me pregunté si también había visto los destellos de conquistador enloquecido que vislumbraba yo en los ojos de Crabtree, quien lo contemplaba con una mirada salvajemente atormentada por la duda—. Salía en El hijo de la furia.
—Terry me ha explicado que George Sanders se suicidó, James, pero no recordaba cómo. Le he dicho que tú lo sabrías.
—Con pastillas —aclaró James Leer—. En 1972.
—¡Magnífico! ¡Sabe hasta la fecha! —Crabtree le alcanzó a la señorita Sloviak su abrigo—. Toma —le dijo.
—¡Oh, James es asombroso! —aseguró Hannah—. ¿Verdad que sí, James? No, en serio, prestad atención. —Se volvió hacia James Leer y lo contempló con la admiración de una hermana pequeña que lo creyese capaz de realizar ilimitadas y sorprendentes hazañas. El deseo de complacerla del aludido se evidenciaba en la tensión de todos los músculos de su rostro—. James, ¿quién más se suicidó? Qué otras estrellas de cine, quiero decir.
—¿Quieres que te las cite todas? Son demasiadas.
—Bueno, pues sólo algunas de las más importantes.
No se mostró agobiado, ni levantó los ojos al cielo, ni se rascó pensativo la barbilla. Simplemente, abrió la boca y empezó a enumerarlas contando con los dedos.
—Pier Angeli, en 1971 o 1972, también con pastillas. Charles Boyer, en 1978, otra vez pastillas. Charles Butterworth, en 1946, creo. Con un coche. Supuestamente fue un accidente, pero bueno... —Ladeó la cabeza con pesar—. Estaba perturbado. —Había un rastro de ironía en su tono, pero tuve la sensación de que iba dirigido a nosotros. Era evidente que se tomaba sus suicidios hollywoodienses y la petición de Hannah absolutamente en serio—. Dorothy Dandridge, se tragó un frasco de pastillas en..., creo que en 1965. Albert Dekker, en 1968; se ahorcó. Dejó una nota póstuma escrita con lápiz de labios sobre su vientre. Ya sé que resulta extraño. Alan Ladd, en 1964, pastillas de nuevo. Carole Landis, más pastillas; no recuerdo la fecha. George Reeves, que interpretó a Supermán en televisión, se pegó un tiro. Jean Seberg, pastillas, por supuesto, en 1979. Everett Sloane, que por cierto, era extraordinario, pastillas. Margaret Sullavan, pastillas. Lupe Vélez, un montón de pastillas. Gig Young, le pegó un tiro a su esposa y después se voló los sesos en 1978. Quedan más, pero no sé si los conoceréis. ¿Ross Alexander? ¿Clara Blandick? ¿Maggie McNamara? ¿Gia Scala?
—Yo no he oído hablar de la mitad de ellos —reconoció Hannah.
—Los has citado alfabéticamente —observó Crabtree.
James se encogió de hombros y dijo:
—Bueno, así es como funciona mi cerebro.
—No te creo —terció Hannah—. Diría que tu cerebro funciona de una manera mucho más caprichosa. Venga, tenemos que irnos."

Chicos prodigiosos, Michael Chabon

domingo, 30 de mayo de 2010

Terry Crabtree

Terry Crabtree y yo nos conocimos al principio de nuestro penúltimo año de carrera, cuando aterrizamos en la misma clase de narrativa breve, un curso introductorio en el que yo había intentado ser admitido un semestre tras otro. Crabtree se había apuntado por un impulso súbito y fue admitido gracias a un cuento escrito en el instituto, que narraba el encuentro en un balneario entre un envejecido Sherlock Holmes y un joven Adolf Hitler que había viajado de Viena a Carlsbad para robarles sus joyas a viejas damas inválidas. Era, sin duda, un pastiche notable, y más siendo obra de un chico de quince años. El problema era que se trataba de una pieza única. Crabtree no había escrito nada más desde entonces, ni una sola línea. En el relato aparecían detalles sexuales sumamente peculiares, también detectables –todo hay que decirlo- en su autor. En esa época Crabtree era un chico arisco y delicado, con un rostro que era todo frente y dentadura, cuya extrema timidez le llevaba a sentarse siempre al fondo del aula. Vestía un traje muy ceñido y corbata, pasadísimos de moda, y una bufanda de cachemir roja que, cuando apretaba el frío, se anudaba al cuello bajo las solapas levantadas de la americana.(...)
En cada clase se comentaban dos relatos, y en la primera ronda de trabajos me tocó entregar el último, justamente después de Carbtree, quien, según había podido constatar, no hacía el más mínimo esfuerzo por anotar los axiomas que llenaban el viciado aire del aula; además, nunca intervenía en clase, salvo con algún comentario ocasional, lacónico, pero indefectiblemente amable, sobre la banalidad del relato que se estaba comentando en aquel momento. Como es natural, su reserva se interpretaba como signo de arrogancia, y la opinión generalizada, sobre todo cuando lucía su bufanda de cachemir, era que se trababa de un esnob de tomo y lomo. Pero me había percatado desde un principio de que se mordía las uñas, hablaba con un tono de voz bajo e inseguro y se turbaba cada vez que alguien le dirigía la palabra. Siempre estaba en su rincón, embutido en su ceñidísimo traje, pálido y con aire molesto, como si nuestra compañía le incomodase pero su exquisita educación le impidiese decirlo.


Encontré a Crabtree en el recibidor. Estaba solo, contemplando a los que en la sala trataban de bailar al ritmo de The Horse. Tenía una mano metida en el bolsillo y con la otra asía una botella de agua con gas. Parecía que durante mi ausencia hubiese estado tratando de borrar su reputación de Crabtree el Espíritu Burlón, de artista del desmadre, manteniéndose pegado a la pared, solo en medio de su propia fiesta, con aspecto sobrio, aislado y aburrido. (...) Al verlo allí, mirando a los que bailaban, me recordó al James Leer de la noche anterior, un chico sin amigos, corroído por la envidia, merodeando por el jardín de los Gaskell, con la mirada fija en una ventana iluminada.

Chicos prodigiosos, Michael Chabon

martes, 3 de noviembre de 2009

Wonder Boys (II) (Jóvenes prodigiosos)


La adaptación de la novela “Chicos prodigiosos” (“Wonder Boys”) al cine se titula “Jóvenes prodigiosos” en España y esta dirigida por Curtis Hanson (L.A. Confidential). La protagonizan actores que nunca me han llamado la atención, pero que hacen un buen trabajo con sus personajes. Michael Douglas que sería la elección más arriesgada sabe dar el tono de amable cinismo que le es propio a Grady. Robert Downey Jr. es perfecto como Crabtree (creo que me estoy haciendo fan) y tiene química con Douglas y Tobey Maguire. Este último en el papel de James lleva a cabo también una buena interpretación, pese a que su personaje esta la mayor parte del tiempo dormido o somnoliento por efecto de diversas sustancias.
La película comienza a suscitar el interés desde la llegada de Crabtree con un travesti que ha conocido en el avión y que les saca casi una cabeza a Grady y Crabtree. Si no es travesti Crabtree se asegurará de que lo sea al final según Grady.
El guión acierta incluyendo algunos de los mejores diálogos de la novela como cuando el cinéfilo James enumera de memoria los suicidios de actores y actrices de Hollywood incluyendo método y fechas. Otros citas memorables:

James:Yuck! That is a big trunk. It holds a tuba, a suitcase... a dead dog and a garment bag almost perfectly.
Grady:Yep. That's just what they used to say in the ads. (...)
James:Whose tuba is that anyway?
Grady:Miss Sloviak's.
James:Can I ask you something about her?
Grady:Yes, she is.
James:So is your friend Crabtree... Is he?... Is he gay?
Grady:Most of the time he is, James. Some of the time he isn't.

[Grady Narrating]: Whenever I wondered what Sara saw in me... and I wondered more than once... I always came back to the fact that she loved to read. She read everything, every spare moment. She was a junkie for the printed word. And lucky for me... I manufactured her drug of choice.

Grady: Well, he did say a few things that made me believe it was his car.
Crabtree: Like what?
Grady: “That's my car, motherfucker”

Es una película que captura el espíritu de la novela y los cambios en general son para bien. Grady Tripp que tiene 40 años en la novela se transforma en el cincuentón Michael Douglas, que no podría haber sido compañero en la universidad de Robert Downey Jr. En la película Grady sólo ha escrito una novela que le catapulto al éxito, mientras que en la novela esta intentando escribir la cuarta. Lo que es más difícil de explicar es el cambio del color de pelo del perro. Cuando ponen el perro en la cama de James para que simule la figura de este dormido, en la novela asoma un mechón de pelo negro, no se entiende porque eligen entonces un perro blanco que no resulta tan conveniente. Al final en la novela Grady recupera la chaqueta robada que perteneció a Marilyn Monroe a su legítimo propietario y Sara la lleva en su boda con Grady. En la película deja que se la quede una camarera, cosa que no es tampoco un gesto fuera de lo común para alguien como Grady. En la novela no se menciona el futuro de James y Crabtree. En la película se dice que James deja la universidad y se va a Nueva York para publicar su libro.

Wonder Boys (I) (Chicos prodigiosos)


Esta novela de Michael Chabon esta basada en parte en su propio bloqueo creativo tras terminar su primera novela y en parte en un antiguo profesor suyo, Chuck Kinder que era una leyenda en la Universidad de Pittsburgh por llevar años escribiendo una novela que ya llevaba 3000 páginas.
Grady Tripp es un obeso profesor de universidad adicto a los porros, adúltero impenitente y patológicamente incapaz de terminar su novela”Chicos prodigiosos”. Grady resulta simpático por su bonhomía y su preocupación por su alumno más prometedor, James Leer. A lo largo de un fin de semana Grady atravesará una la crisis existencial al ser abandonado por su esposa y recibir al noticia de que ha dejado embarazada a su amante, la rectora de la Universidad. Para empeorar las cosas Grady provoca la muerte de un perro, una boa y se ve envuelto en la desaparición de una chaqueta que perteneció a Marilyn Monroe.
Los “wonder boys” a los que hace mención el título son tres. Grady ve reflejados en su alumno James Leer a Terry Crabtree, su editor y a él mismo cuando eran jovenes. Grady conoció a Crabtree en la universidad y se hicieron amigos tras descubrir la admiración de ambos por un oscuro escritor de cuentos de terror del estilo de H.P. Lovecraft, August Van Zorn. Por aquel entonces Crabtree soñaba con ser editor y Grady quería convertirse en el nuevo Faulkner. James Leer es arisco y solitario como Crabtree en su juventud y aspirante a escritor como era Grady. James comete pequeños robos y miente compulsivamente sobre su vida familiar. No es el único joven inmaduro de la novela, Crabtree y Grady roban una tuba de la cinta de equipajes del aeropuerto y se comportan como dos adolescentes provocando el caos allá donde van.
Habiendo leído la novela años atrás lo que mejor recordaba antes de releerla era la parte en que Grady lleva a James a celebrar la pascua judía en casa de sus suegros. Esta parte es considerada por muchos innecesaria y entorpecedora de la narrativa y no es sorpendente que en la película se haya eliminado completamente. Sin embargo, yo tenía en la memoria a James leyendo seriamente su parte del rito. Recordaba también la sorpresa de Grady al encontrarse con una fotografía en el salón de la casa de James, la misma foto que tiene su mujer colgada en casa. En la foto aparecían nueve hombres de aspecto serio con una pancarta donde se leía “Club Sionista de Pittsburgh" formando un arco sobre una estrella de David y unos caracteres hebreos. Grady sabe que el hombre del centro del grupo era Isidore Warshaw, el abuelo de su mujer. El tipo alto y delgado de la esquina de la fotografía es posiblemente el abuelo o bisabuelo de James. Posteriormente Grady le pregunta a James si es judío. James dice que sí pero que sus abuelos abjuraron. Cuenta que una vez en un restaurante pidió cream soda y se pusieron a chillarle, diciendo que era demasiado judío. “Al parecer, tomar un cream soda es lo único que he hecho que puede considerarse propio de un judío” comenta. Grady le pregunta si el seder de los Warshaw le hizo sentirse judío. James contesta que fue interesante y que fueron muy amables, pero que le hizo sentir que no era nada. Hubiera resultado interesante conocer los pensamientos de James en el caso de ser él el que viera la foto en casa de Grady.
Resulta increíble que en una sola ciudad se hayan reunido tantos personajes llenos de color y excentricidad. El problema de la novela sería la acumulación de personajes secundarios interesantes y subtramas. Me gustaría conocer mejor a Terry Crabtree, James Leer, Hannah Green... que se nos ofrecen desde la limitada y emporrada observación de Grady. La lectura del libro enriquece para mí el visionado de la película. El conocer mejor los pensamientos y los sentimientos de los personajes a través de la novela hace observar con atención miradas y gestos de los actores que de otra forma podrían pasar inadvertidos.