Dos polos opuestos

Si mis tristezas te causan alegrías 
es porque tus reglas son distintas a las mías.


Hay días que extraño al Agus. Otros días extraño a Pablo.
Ya no sé que siento por uno, ni que siento por el otro. En realidad si lo sé, pero no quiero asumirlo. No quiero necesitarlos porque no puedo tenerlos a mi lado, por ende no quiero extrañarlos. Pero los quiero, y ¿cómo se puede NO extrañar a alguien sabiendo eso? Son muy distintos uno de otro, no sólo físicamente, sino también en sus formas de ser.

El Agus es el amor de mi vida. Pase lo que pase, digan lo que digan, él es el único al que amo y al único al que siempre voy a amar. Y voy a estar a su lado toda la vida. Por más que pase el tiempo, jamás dejo de amarlo. Pienso en él todos los días de mi vida, soñando en que vuelva a mi lado en algún momento... esperando por algún milagro, esperando que algo se encienda en su corazón y lo haga volver. Pero no va a pasar, así que siempre será mi amor improbable... ahí, cerca, pero lejos.
A Pablo lo veo todos los días en la facu. Al principio ni lo registraba, no tenía idea quién era, si me lo cruzaba en la calle no lo reconocía... no sabía que existía. Según él, yo era "su amor imposible". Já, que chistoso, no soy tan idiota como para tragarme eso. La cosa es que cuando estaba mal por el Agus, él fue quien me sacó de la depresión y se convirtió en una persona muy especial para mí... no puedo no quererlo por más que me haya hecho lo que me hizo. No puedo no extrañarlo, necesitarlo a mi lado.

Quisiera estar bien con los dos, quisiera poder hablarles como antes, abrazarlos... pero no tengo a ninguno. Los quiero de diferentes maneras. 
A uno lo amo con todo mi corazón y mi alma, y sería capaz de dar mi vida por él. Al otro, lo quiero como nunca llegué a querer a otro amigo. 
Al primero quiero amarlo, para toda la vida. Al segundo quiero protegerlo, siento que necesita a alguien que lo ayude, que lo incentive, que le ponga los pies sobre la tierra y lo guíe. 
Al primero lo conozco como a la palma de mi mano, no le hacen falta palabras para que lo entienda. Al segundo lo conocí de una manera, y ahora es otra persona completamente distinta... ¿Pablo, quién sos en realidad?
A uno lo seguiría hasta al fin del mundo, sin importarme nada ni nadie. Al otro lo acompañaría hasta el final de la meta, sólo para verlo feliz. 
Al primero le hace falta tranquilidad, sosiego. Al segundo le hace falta despreocuparse por las cosas, enojarse menos y sonreír más.

Fueron dos personas que marcaron mi vida, hayan querido o no. ¿Cómo puedo NO extrañarlos? Así sea que no se acuerden de mí jamás. Yo los tengo presente siempre. Es que no puedo sacarlos de mi corazón, ¿cómo voy a sacarlos de mi cabeza? 
Son dos polos opuestos, opuestos entre sí, opuestos a mí también. Cada uno necesita cosas diferentes, buscan cosas diferentes... ¿y yo? ¿Qué necesito, qué busco? Yo necesito a alguien a mi lado que más allá de que me ame, me extrañe! Así como yo extraño, necesito saber que hay alguien en otra parte de este mundo que piensa en mí y me extraña. No busco nada en especial, sólo busco a alguien que me acepte y me quiera como soy, con mis defectos y mis virtudes, pero sobre todo por mis defectos.  

Las cosas no funcionaron con el Agus por algo... a lo mejor no era el momento para estar con él. Viendo mi relación con él en retrospectiva, realmente yo era la cosa más inmadura del mundo. Pienso en un montón de cosas que podría haber hecho distintas, y sin embargo... me porté como una nena. Me doy cuenta que crecí muchísimo todo este tiempo sin él. ¿Habría pasado lo mismo estando a su lado? No lo sé, siempre tendré la duda.
Las cosas con Pablo no funcionaron porque él no supo ver quién era yo, quién tenía al frente... me cambió por otra, en mis narices. Eso es de cobardes. Y lo que hace ahora, más todavía... no me habla, no me mira, ni me saluda. Como siempre digo, enojarse es lo más fácil del mundo cuando no se quiere enfrentar un problema. Igual, por mi parte, ya pasó, otro tema, punto y aparte. Lo que me duele de todo esto es haber estado tan presente para él, que me haya importado tanto, que haya sido tan especial en mi vida, y que me haya preocupado en todos los sentidos por él, y que ahora me devuelva todo de esta manera... 

La vida te da sorpresas, y te golpea por donde menos te lo esperas. Lo positivo que puedo sacar de todo esto, es que no tengo miedo de amar. No tengo miedo de enamorarme. Soy capaz de poner todas las fichas de nuevo aunque vuelva a perder. No tengo miedo. Es más, quiero enamorarme. Quiero amar y ser amada, y dejar de volar un poco... quiero aterrizar, dejar de caer del cielo de una vez por todas....