Historia sin fin

“Me he dado cuenta que lo que uno hace en la vida es la mitad de la ecuación, la otra mitad, la mitad más importante, es con quien estas mientras lo haces”.

JUEVES 02 DE FEBRERO DE 2012

No estoy bien. Tengo ganas de llorar todo el tiempo. Lo único que me frena es pensar que en algún momento de mi vida voy a recuperarlo y tenerlo conmigo como antes, pensar que va a estar entre mis brazos como tantas otras veces. Lo extraño como si no lo viera desde hace años. Lo extraño, sintiendo que cada segundo, cada minuto, cada hora, cada día lejos de él es tiempo perdido que no voy a recuperar jamás. Lo extraño, recordando cada momento alegre que pasamos juntos. Lo extraño cuando pienso en sus brazos y en sus piernas abrazándome, en su pecho donde tantas veces me consolé, en su perfume en su cuello que respiraba cada vez que lo abrazaba, en su pelo indomable, despeinado. No me daba cuenta que a su lado era tan feliz. No me daba cuenta que a su lado lo tenía todo. Y ahora no tengo nada.
Es que lo amo desde que tengo memoria, desde el primer momento en que lo vi y no quise despegar mi pensamiento de él. Lo amo desde que Dios lo cruzó en mi camino. Y no soporto tenerlo lejos. No soporto que esté mal y lejos de mí. Quiero abrazarlo, quererlo, amarlo. Daría lo que fuera por pasar un día más a su lado.

Soy capaz de esperarlo toda la vida, así sea que él no venga nunca más a mí. Realmente lo amo. Muchísimo.

Sé que después de todo, incluso después del final, voy a seguir amándolo.
Nuestra historia no tiene fin. No puede tener fin. No lo voy a aceptar.
Voy a seguir buscándolo hasta el fin de mis días. Lo necesito acá conmigo. No puedo vivir sin él. Él es el amor de mi vida.


Ay, pasan los días y los meses y yo me sigo sintiendo igual. Vuelve cuando estoy a punto de no extrañarlo más... es un círculo vicioso, sin fin. Realmente, esto es una historia sin fin. 
Estoy condenada de por vida.